Policiales

«Me abrió la mochila»: le robaron en plena 25 de Mayo, pero lo peor lo vio en la comisaría

Valeria había salido del Rapipago de la 25 de Mayo y Córdoba después de pagar todas las cuentas del mes: cuando iba a la parada del 101 para volver a su casa en Las Talitas, le avisaron qué le pasó. Cómo reaccionó, qué vio después y cuál cree que es la solución.

Valeria había salido del Rapipago de la 25 de Mayo y Córdoba después de pagar todas las cuentas del mes: le quedaban 1600 pesos en la billetera, el documento y las tarjetas. Estudiante de Contabilidad y peluquera de oficio, Valeria entró a Distripelu a comprar las cosas necesarias para atender a sus clientas en Las Talitas. Hacia allí se disponía a ir en el 101 con parada en la Santiago cuando lo sintió.

“Iba por la 25 cuando entre San Juan y Santiago llegué a sentir que la gente me miraba. Fue un segundo, pero seguí de largo hasta que sobre la Santiago me dicen que tenía la mochila abierta: ‘Me la abrieron’, dije. Y comprobé que alguien me había sacado la billetera y todo lo que tenía en ese bolsillo. Iba con la bolsa de las compras y la mochila colgando de un hombro, al costado, pero atrás de la bolsa”.

Acto reflejo, Valeria lo primero que hizo fue palparse los bolsillos: “Al celular lo había guardado en el bolsillo grande del pantalón de adelante. El bolsillo me cubría todo el celular. El celular es todo un tema para nosotras: es lo primero que buscan sacarte, veo muchas chicas con el celular escondido en el corpiño, pero con este calor es muy incómodo: se te pega a la piel y el celular se llena de transpiración y empieza a andar mal”.

Con el celular seguro, Valeria volvió al último lugar donde había visto su billetera: Distripelu. “Volví a la zona donde compré los productos y allí el chico que atiende me avisó: ‘En esta zona (25 al 300) todos los días hay mecheras. Yo las conozco a todas’. También conocía a la que habían atrapado la semana pasada y el video se volvió viral”.

Valeria intenta repasar por milésima vez cuándo le abrieron la mochila: “Llegué a chocarme con una persona, creo. Pero no he sentido nada. Tuve una sensación, pero me di cuenta tarde. Es la primera vez que en pleno centro me roban las mecheras. Jamás me había pasado. Y me he quedado indignada al punto que me volví a caminar por esa cuadra, quería encontrarla, quería ver si seguía actuando y empecé a gritar: ‘¡Cierren sus mochilas! ¡Cierren todos sus mochilas!’ Ahí me di cuenta que el 80% de las chicas tenía la mochila hacia delante”.

Con el trauma de lo vivido, Valeria volvió esta mañana al centro para acompañar a su mamá y a su papá a cobrar al banco. “Quedé con la sensación de que no puedo volver más al centro. No es lo que te roban, es que te quedás con la sensación de que algo está funcionando mal, de ni querer ver la mochila, de que andás con bronca y desprotección. Cuando te roban, te sentís perseguida y todo el tiempo alerta”.

Las mecheras en Tucumán se han multiplicado en los últimos tiempos, de acuerdo a lo que ha visto Valeria: “Antes de la pandemia no había tantas en el centro. Y ahora usan navajas. Me comentaron que a una señora la empujaban entre tres para robarla hasta que un chico se metió. Esa sensación es la que también te queda: te tenés que meter. De los policías o de la justicia ya no se puede esperar nada. Creo que vamos a llegar al límite de hartarnos, la gente la va a seguir agarrando a los que roben. Tiene que pasar algo muy grave para que las cosas cambien”.

“A mi hermana la quisieron robar. Estaba con su bebé por entrar a la farmacia cuando un chico le avisó: ‘Metete a ese local. Te están persiguiendo, te quieren robar’. ¿Te das cuenta? A las mecheras no les importa nada. Y lo peor de todo fue cuando fui a hacer la denuncia por mi DNI. Se pusieron a desinfectar en la comisaría al mediodía y, en la media hora que estuve esperando, la Policía traía a dos mecheras. Una entró de lo más normal, sonriendo: desfilaba esposada, te juro que modelaba con sus esposas puestas, como orgullosa. No tienen vergüenza de nada ya. Venían de robar en la misma zona que a mí”.

“Si se ríen es porque un día entran y al otro salen. Lo toman como hurto, no como robo. Y ahora se va a poner peor como cada vez que se acercan las Fiestas. Todo el mundo se pregunta: ‘¿Para las Fiestas qué nos queda? Solo podés andar con la plata en el bolsillo, nada que te puedan sacar. La zona de la 25 está horrible. Y la única solución que veo es que las metan en cana: un año de prisión. Que tengan un castigo por haber hecho algo así. ¿Más policías? A los policías no les tienen miedo. Insisto: no es lo que te roban material. Es la sensación que te quitan la tranquilidad de caminar. Y la impotencia de que lo que a uno tanto le cuesta, se lo llevan. Ya lloré, ya me saltaron las lágrimas. ra lo último que me quedaba de plata hasta que me salga otro trabajo. Así estamos. ¿Qué vamos a hacer?”

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