Policiales

El motochorro que murió nunca había llegado a juicio

El joven que embistió a un colectivo mientras escapaba tenía cinco procesos en la Justicia. El 28 de diciembre dejó la cárcel donde estaba alojado por un robo.

“Hierba mala nunca muere”, se le escuchó decir a un vecino en uno de los videos que se viralizaron en las redes sociales. Ese comentario lo hizo el desconocido cuando atendían a un joven que había resultado gravemente lesionado después de haber chocado de lleno contra un interno de la Línea 17 en el sur de la ciudad. Horas después, el joven, que había cometido un raid delictivo, moriría por las lesiones sufridas en el impacto, al fin de una alocada fuga.

El accidente se produjo cerca de las 15 en la esquina de Chiclana y La Madrid. Cuando llegaron los uniformados, se encontraron con una multitud que observaba a ese joven arrastrarse del dolor. Nadie lo tocó. Sólo una mujer llamó por teléfono para pedir una ambulancia. “Pensamos que había sido otro accidente más de moto, pero después nos dimos con la dura realidad. De ahí en más nadie movió un pelo por él”, dijo Esther, la mujer que pidió auxilio.

Y la dura realidad a la que se refirió la vecina es que en cuestión de minutos el accidentado había protagonizado un raid delictivo de dos arrebatos contra mujeres. El primero, en Chiclana y Amador Lucero y el otro, en General Paz y Chiclana. En ambos casos amenazó de muerte a las víctimas para quedarse con sus pertenencias. Intentó huir a toda velocidad, pero terminó embistiendo al colectivo a poca distancia del último ataque. Al requisarlo, los pesquisas encontraron los objetos que habría sustraído. Fue identificado como Lucas Hernán Navarro, de 22 años.

La Justicia avaló su aprehensión y ordenó a una comisión policial, al mando del comisario Alfredo Díaz, que fuera llevado al hospital Padilla. Los médicos de guardia le diagnosticaron quebradura de pierna y brazo izquierdo y un severo traumatismo encefalocraneano. Los profesionales poco pudieron hacer para salvarle la vida. Murió tres horas después de haber ingresado al centro asistencial.

Un profesional
Díaz y sus hombres encontraron dos detalles para sospechar que el herido había hecho del motoarrebato su principal manera de subsistencia. El joven llevaba puestos tres pulóveres y una campera. “Lo hacen porque después de que cometen un hecho se los van sacando para que no se los identifique”, explicó el comisario Joaquín Girbaux, jefe interino de la Unidad Regional Capital. El otro detalle: la moto en la que se trasladaba y que quedó muy dañada, había sido robada ayer a la noche de la calle en Matienzo al 200.

Las sospechas se confirmaron cuando los uniformados tuvieron en sus manos la planilla de antecedentes. Desde 2016 fue detenido en cinco oportunidades acusado de arrebatos, hurto y robo de motocicletas. La última vez que terminó tras las rejas fue en julio pasado. La Justicia le dictó la prisión preventiva por cinco meses y ordenó su traslado al penal de Villa Urquiza. Se ordenó su libertad el 28 de diciembre. En su registro prontuarial no figura que haya sido enjuiciado en alguna oportunidad. Todas las causas que se le abrieron quedaron pendientes.

Pese a los intentos de LA GACETA, no se pudo establecer contactos con algún familiar del joven, que vivía en el barrio 11 de Marzo. Los vecinos sí comentaron que se trataba de un chico problemático que tenía problemas de adicción. Informaron que un hermano se recibió el año pasado en la Escuela de Policía y que actualmente presta servicio en San Pedro de Colalao.

Malestar
Los vecinos se quejaron por la falta de presencia policial en la zona. “Esta es tierra de nadie. No se ve a los efectivos que se necesitan para acabar con esta ola de arrebatos que hay en la zona. No hay ni un móvil recorriendo el barrio”, indicó Josefa Medina. Su vecino, ni bien terminó, dijo: “¡Qué va a haber móvil si en la seccional 3ª no tienen. Los policías llegaron en el auto particular de uno de los jefes”.

“Está tan difícil la situación en la provincia que lo único que nos queda es que los delincuentes se maten solos. Hemos perdido la confianza en la Justicia porque no condenan a nadie”, concluyó Luis Soria.

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