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Crónica de un delito: Sobre cómo se robaron el reloj del General Manuel Belgrano

El 30 de junio de 2007: Los hermanos, Jorge y Nazareno Baldo, y el hijo de uno de ellos, Nazareno Ariel, el sábado 30 de junio a última hora, cuando se encontraban los últimos visitantes, aprovecharon para robar el reloj de Belgrano, del Museo Histórico Nacional.

Los acompañaba un hombre que hacía de chofer y brindaba apoyo logístico. De inmediato, se lanzaron alerta y todo tipo de medidas para evitar que la valiosa pieza fuera enviada al exterior. Se dio aviso a Interpol y la policía se puso a investigar los registros de las cámaras de seguridad del museo: allí se podía ver claramente al ladrón en el momento en que movió la vitrina, arrancó el reloj, que estaba atado con una tanza, y escapó sin que ningún guardia de seguridad advirtiera lo ocurrido.

Antonio Pérez Gollan, entonces director del Museo, destacó en declaraciones a la prensa la gravedad de la pérdida: «Se trata de un objeto que tiene un valor histórico importantísimo porque está cargado de información sobre la biografía de Manuel Belgrano». Además agregó la sala donde se produjo el robo contaba «con medidas adecuadas de seguridad: personal de vigilancia, alarmas y un circuito cerrado de televisión».

Mientras tanto, desde la Secretaría de Cultura de la Nación, entonces a cargo de José Nun, se llegó a ofrecer una recompensa de 200 mil pesos para quienes dieran con la joya robada. Los expertos aseguraban que el valor del reloj en el mercado negro de tráfico de piezas históricas podría ascender a los 400 mil euros. «Este reloj puede ser colocado a ese precio en países europeos, en especial en España», comentaron entonces expertos a la agencia Noticias Argentinas, y reconocieron que el valor simbólico para la historia argentina es mucho mayor. De acuerdo a los testimonios de la época, la forma en que el o los ladrones podrían sacar del país el reloj era sencilla, dado que se trataba de un objeto de fácil transporte. Debido a ello, la Aduana había alertado a más de 160 organismos similares en el mundo en su intento por encontrar el objeto.

Por aquellos días la División Robos y Hurtos de la Policía Federal, que tenía a su cargo la investigación, llevó adelante allanamientos sorpresivos en las joyerías de la calle Libertad, en el centro porteño, para dar con el reloj. Pero todos los intentos eran en vano: la valiosa pieza de Belgrano no aparecía. Casi un año después, las investigaciones apuntaron a una banda delictiva formada por varios miembros de una misma familia que se dedicaban a robos de piezas históricas en museos. Se encontraban detenidos por el robo a otro museo porteño y rápidamente los investigadores pudieron encontrar las similitudes en los dos casos.

Los Baldo fueron sometidos a juicio oral y público por haber robado joyas del patrimonio histórico argentino, entre ellas, el reloj de Belgrano, una lapicera fuente de oro del ex presidente Roberto Ortiz y la colección de monedas del tesoro del Banco Nación. Mientras se encontraban detenidos con prisión preventiva en la cárcel de Devoto, la mujer de uno de los cabecillas de la banda intentó llevarles una de las valiosas monedas robadas, escondida debajo de la plantilla de una de sus zapatillas. Fue de las pocas piezas históricas que pudo recuperarse. Les dieron entre ocho y tres años de cárcel.

El reloj que acompañó hasta el final de sus días al creador de la bandera nunca volvió a aparecer.

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